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Sobre la Democracia Cristiana

 

 

INTRODUCCIÓN

Democracia Cristiana en el mundo

Antecedentes Históricos

Principios en que se basan los Social Demócratas o Demócratas Cristianos

Democracia Cristiana en Venezuela

Principios

CONCLUSIONES

 

INTRODUCCIÓN.

 

Toda persona que se propone hablar sobre una corriente político- filosófica se encontrará invariablemente frente a tres problemas, muchas veces difíciles de resolver, pero que a la larga y a medida que son desentrañados, nos llevarán a su comprensión y a valorarlos en su justa importancia. El primero de estos problemas es que estamos estudiando una corriente, que como tal posee un origen (la mayoría de las veces lejano y obscuro), un cauce (por donde fluyen las personas, las ideas y los hechos que consolidan la corriente), y finalmente un delta, fin más o menos claro de la corriente y que como todo delta suele abrirse en un abanico de pequeños cauces derivados del principal.

El segundo problema es que esta corriente es política y se refiere a un hecho concreto que es el arte de gobernar, de manejar el Estado, pero dentro de una concepción teóricamente específica. Es en este punto donde la filosofía entra a jugar su papel, que no es más que el de dotar a esta corriente política de unos lineamientos únicos y distintos, que la diferenciarán de otras corrientes y le darán su razón de ser y de existir.

Ateniéndonos a este razonamiento hemos desarrollado este trabajo estudiando, primero los antecedentes (el origen) de este movimiento iniciado en el primer tercio del siglo XIX, como respuesta de los católicos de algunos países europeos a la necesidad de adecuarse políticamente a los nuevos problemas nacidos de las mutaciones provocadas por el impacto de la revolución industrial y la nueva realidad social surgida de la misma, para luego seguir con un análisis de sus principios, expuestos en su momento por los múltiples padres de este movimiento, como Don Luigi Sturzo, Federico Ozanam, Federico La Play, y el mismísimo Papa León XIII con su encíclica Rerum Novarum que dio origen a la expansión política de las organizaciones católicas,  alentó la fundación de partidos y aspersores de la ideología demo-cristiana en el mundo consolidándose así como un movimiento alternativo (cauce).

Finalmente nos detendremos en una de las ramificaciones (delta) de este movimiento principal, la democracia cristiana en Venezuela, llevados de la mano por el otrora más importante representante de este movimiento en el país, el Dr. Rafael Caldera, de quien extrajimos los antecedentes y los principios de este movimiento en el particular caso venezolano.

 

 

1. Democracia Cristiana en el mundo

1.1 Antecedentes Históricos

La Democracia Cristiana surgió del desarrollo de una doctrina social de la Iglesia protegida por el Papa León XIII.  En 1919 (Primera Guerra Mundial) el sacerdote siciliano Don Luigi Sturzo fundó el Partido Popular, independiente de la jerarquía religiosa pero inspirado en la filosofía cristiana.  A causa de su evolución este se convierte en el Partido Demócrata Cristiano, que en 1945 se convierte en el partido político más dominante en Italia.

En otros países europeos, tales como: Alemania, Austria, Bélgica, Francia, Suiza, Noruega y España, influenció mucho el ejemplo de Sturzo, tanto así que en Alemania, por ejemplo, en 1945 el fundador Konrad Adenauer comenzó a gobernar como representante de la Unión Demócrata Cristiana y reconstruyó positivamente a Alemania.

El precursor de la democracia cristiana fue un pensador francés llamado Federico Ozanam quien en 1830, usó por primera vez la expresión ¨Democracia Cristiana¨. Ozanam hace un estudio profundo en relación con la Democracia y el Cristianismo ya que le preocupaba la indiferencia de los católicos para incorporarse a la lucha política (Hay que tomar en cuenta que para ese entonces lo democrático era visto como un sinónimo de anticlericalismo, de ateísmo militante y de seudo-liberalismo en Francia).  A raíz de sus estudios Ozanam fundó un movimiento político el cual tuvo corta actuación debido al golpe de estado que llevó a Luis Napoleón al gobierno en 1851.

1.2 Principios en que se basan los Social Demócratas o Demócratas Cristianos.

Los principios fundamentales de la  filosofía cristiana están inspirados por una concepción cristiana del mundo.  Estos principios se encuentran por encima de la política y según algunos políticos, estos son metapolíticos y pueden enunciarse de la siguiente manera:

a. La dignidad de la persona humana.

b. La primacía del bien común.

c. La perfectibilidad de la sociedad civil.

Estos principios corresponden a una concepción filosófica del mundo y del hombre elaborado por el pensamiento cristiano.  Estos están elaborados en el orden de la filosofía pero no de la religión y es perfectamente posible que una persona, sin plantearse problemas de sus relaciones con Dios, pueda llegar a aceptar esos tres postulados que no son religiosos sino filosóficos.

Como nuestra finalidad es conocer la esencia del pensamiento Demócrata Cristiano ahondaremos en el significado de los tres postulados citados para más adelante encontrarnos con lo que ha sido la adaptación de estos principios a un Partido Político en Venezuela.

1.2.1 La dignidad de la persona humana.

La Democracia Cristiana tiene un concepto del hombre como un ser racional, inteligente y libre, compuesto de alma y cuerpo.  También  para la Democracia Cristiana el hombre tiene como fin una misión terrenal que cumplir en el plano histórico-temporal y una misión ulterior trascendente, ultra terrenal, que es la salvación del alma.

Este fin trascendente o sobrenatural está fuera de la sociedad política y es independiente de ella.  Es el fin último y supremo de la sociedad de los hombres: DIOS.

Por el contrario el fin inmanente o temporal está dentro de la sociedad política y es dependiente de ella.  Es lo que se conoce pura y simplemente como Bien Común.

1.2.1.1 Características inherentes de la persona humana:

Razón:

La razón es la facultad que tiene el hombre para conocer el bien y el mal, para comprender las cosas y a sí mismo, así como los valores. Es decir, el hombre tiene una comprensión del mundo, de su propia problemática y de su propia vocación.  En virtud de la razón , el hombre es capaz de decidir sobre su acción.

Libertad:

Partiendo de la concepción cristiana de que el hombre viene de Dios, se deriva inexorablemente la necesidad de reconocer que el hombre como tal, fue creado libre, que tiene un destino propio y no puede ser un instrumento al servicio de otros hombres, ni de institución, sociedad u organismo alguno.  En consecuencia el hombre ha venido a la tierra para ser un Señor y no un Esclavo.  Sin embargo, esa libertad esta enmarcada en ciertas limitaciones. Los límites a este postulado son:

¨Todas las cosas son para el hombre y el hombre se debe a Dios¨.  A partir de este principio se puede afirmar que el fin del hombre no es trabajo, ni la familia, ni la agrupación económica o social, ni la empresa, ni la profesión, ni el Estado, ni siquiera la Patria, la más grande de la instituciones de carácter puramente humano.  Todos estos elementos no constituyen un fin para el hombre sino un medio de lograr su camino hacia Dios.

Sociabilidad:

Está caracterizada por la tendencia social del hombre de buscar entrar en contacto directo con sus semejantes.  El cristianismo le ha agregado a esa noción otra muy importante: La solidaridad.  Ambas nociones son complementarias, la sociabilidad impide que el hombre sea un ser solitario; mientras que la solidaridad evita que el hombre sea un ser abandonado.

Estas tres facultades llevan al hombre a la realización de determinados valores tales como la verdad, el deber, el bien y la justicia. Tales valores y su realización llevan al cumplimiento del fin temporal que de acuerdo al pensamiento demócrata-cristiano todo hombre debe cumplir.

El principio de la dignidad de la persona humana coloca al hombre por encima de todo, de donde surge la obligación de todos, individuos y sociedades, de respetar la dignidad humana del hombre en su condición de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios.  Una organización familiar, profesional, económica, o política que no responda a estos principios, terminará fatalmente por convertirse en una traba para la recta solución del problema social de acuerdo a la concepción social-cristiana:

Todo esto dota al hombre de la primera plaza.  Es decir, el hombre tiene el primer rango o dignidad dentro de lo temporal.  Está en la cúspide de todas las categorías temporales.   Todo debe confluir a servirle para que él pueda realizarse.  Este es el principio de la dignidad de la persona humana.

1.2.2 La Primacía del Bien Común

El concepto del Bien Común, de profunda raigambre cristiana, ha encontrado su principal intérprete en Santo Tomás de Aquino, el insuperable filósofo de la Edad Media, y ha sido después desarrollado por grandes pensadores cristianos, quienes han seguido la inspiración y directrices de la filosofía tomista.

En el pensamiento cristiano abundan las definiciones sobre el Bien Común.  Jacques Maritain señala:

“Ese bien común es la conveniente vida humana de la multitud de personas;  su comunicación en el bien vivir.  Es, pues, común al todo y a las partes sobre las cuales se difunde y que con él deben beneficiarse.”

Habíamos afirmado anteriormente que en la sociedad, los hombres se unen para hacer algo en común,  El fin es colectivo en cuanto afecta a todos los hombres por igual y porque todos ellos deben contribuir con su esfuerzo al logro del mismo, que es superior al de cada una de las partes.  Esto es lo que se llama Bien Común.  Este Bien Común es el valor fundamental de la sociedad.  En consecuencia, cualquier otro valor por importante que sea, debe sacrificarse en la búsqueda del Bien Común.

Visto por la democracia cristiana venezolana:

 El Bien Común es el conjunto de condiciones concretas que permite a todos los hombres de una sociedad desarrollar al máximo su perfección.  Todo este orden de cosas concretas, en el orden de la relación hombre-hombre y hombre-sociedad, constituyen el Bien Común.  Es común porque de él se han de beneficiar todos y cada uno de los miembros. La relación hombre-cosa es también en función del hombre.  Es decir, es una relación hombre-hombre con ocasión de la cosa.

Sin embargo, cabe preguntarse: ¿Cuál es la relación entre el bien personal y el bien común?

Entre el bien estrictamente personal y el bien común no puede, lógicamente, existir oposición porque en lo temporal ambos responden a un solo fin -servir al hombre- pero si la necesidad llegase a existir el escoger entre ambos, el bien personal puede o debe ser sacrificado al Bien Común por dos razones fundamentales:

1. Porque el bien del individuo no puede existir sin el Bien Común de la Sociedad.

2. Porque el Bien Común es superior al individuo o al de la minoría.

La subordinación del bien personal al Bien Común la decide la autoridad legítima, que es responsable de éste. La relación entre bien personal y Bien Común cree resolverla el Liberalismo con su fórmula:  ¨La Sociedad para el hombre¨, entendiendo al hombre como individuo, lo cual es erróneo dada la insuficiencia del hombre, de modo que la sociedad es necesaria y no solamente un producto de su voluntad.  Las corrientes de pensamiento totalitario creen resolver la situación con otra fórmula más falsa todavía: ¨El hombre es para la sociedad¨, con la cual se desconoce la autonomía que la persona y que el hombre tiene por naturaleza, fines que van más allá del orden temporal.  La concepción demócrata cristiana, señala:¨El hombre es para la sociedad y la sociedad, a la vez, es para el hombre¨.  Con esta fórmula se quiere expresar que la persona, en su conducta, se encuentra subordinada a la sociedad, representada principalmente por su autoridad legítima; que la sociedad existe para la persona y le está subordinada en el orden de los fines que persigue.  La sociedad es temporal, el hombre desenvuelve su vida en lo temporal pero está llamado también a un destino transcendente.  La persona es anterior y superior a la sociedad. Es anterior en relación al tiempo y a la historia y es superior en cuanto a su destino. Entre la persona y la sociedad puede existir colaboración y tensión.  La colaboración se refiere al presente mientras que la tensión está referida al impulso hacia al porvenir.  La sociedad alcanzará un orden auténtico en la medida en que logra un mejor equilibrio entre ambas fuerzas.

Sin embargo, el Bien Común tiene un límite. El Bien Común siendo inmanente o temporal no es limitado ni absoluto.  La sociedad jamás puede exigirle al hombre el sacrificio de su personalidad, ni arrebatarle sus derechos naturales, ni pedirle que haga el mal, porque el Bien Común es algo moralmente bueno.  Por ello, no debe confundirse con el llamado Bien Común del Estado que es uno de los elementos del Bien Común Separado como lo llama Maritain. Los derechos naturales de la persona han de merecer respeto por parte del Estado, el cual debe integrar, sin anular, ni eliminar, a todas las otras sociedades (intermedias entre el Estado y el individuo) y las iniciativas privadas que tiendan a favorecer la perfección de la persona humana.  Si se actúa de otro modo, no puede ser alcanzado el Bien Común.

Finalmente, es conveniente observar que desde el punto de vista de las relaciones sociales, el Bien Común es un fin, pues los actos de naturaleza social hacía él, tienden a agotarse en la vida terrestre o temporal; pero visto desde el ángulo del destino final del hombre, el Bien Común es un medio, porque contribuye a que ese mismo hombre alcance su fin último y trascendente.

1.2.3 La Perfectibilidad de la Sociedad Civil

Sin lugar a dudas habría que comenzar por señalar qué se entiende por sociedad perfecta y al mismo tiempo qué es una sociedad imperfecta.

Se entiende generalmente por sociedad perfecta aquella que, sin formar parte de otra sociedad, es plenamente suficiente en bienes y recursos para cumplir su finalidad.  La sociedad natural perfecta político o civil, es el Estado, para el desarrollo integral y armónico de la personalidad natural del hombre. La sociedad sobrenatural perfecta o religiosa es la Iglesia para el desarrollo completo de la personalidad sobrenatural del hombre como hijo de Dios, llamado a la bienaventuranza eterna.

Las sociedades imperfectas forman parte de otras sociedades más amplías a las cuales están subordinadas como la parte al todo y aisladamente no pueden alcanzar toda su finalidad específica.  Sociedades imperfectas son la doméstica o familiar, las profesionales, las económicas, las culturales, las deportivas y, además, las que pueda crear la voluntad libre del hombre en sus diversas actividades. Sin embargo, por muchos cambios de estructuras que se realicen en una sociedad civil, no es posible alcanzar la perfección absoluta.  Esto plantea la necesidad de cambiar las estructuras sociales y de irlas perfeccionando y acomodando de acuerdo al devenir histórico evolutivo de los pueblos.  Este principio conlleva al inconformismo con un status de permanente, y desde luego conduce la acción del hombre hacia una actitud revolucionaria.  Por ello el hombre cristiano tiene que ser por convicción un revolucionario que aspire a una completa transformación del mundo en que le toque vivir. Tiene que ser además inconforme porque su inconformismo es camino de perfección.  Su ideal tiene que ser el lograr un mundo mejor en donde exista una comunión espiritual de valores y una alegría particular de contenido humano: el goce comunitario.

Estos tres principios metapolíticos sirven de base a la elaboración de principios puramente políticos.  Estos principios filosóficos son fundamento y base para la doctrina demócrata-cristiana pero no son patrimonio exclusivo de ella.

Cuando uno se reduce a hablar de estos principios no está haciendo sino una labor de difusión de principios generales.  Estos planteamientos no son demócrata-cristianos. Los demócrata-cristianos no los inventaron. Esto es importante para que no hablemos de ¨nosotros¨  (si se es demócrata-cristiano) cuando tratemos de estos principios.

2. Democracia Cristiana en Venezuela

2.1 Antecedentes Históricos

La Revolución Francesa creó una serie de corrientes que tendían a la separación entre los cristianos con los asuntos del Estado y sus funciones.  A raíz de aquella Revolución el concepto de democracia era observado por muchos cristianos como sinónimo de anticlericalismo y como contrario al pensamiento general del cristianismo.  Esta situación se mantuvo por un  largo período, al mismo tiempo que se producía un proceso de afloración de las ideas cristianas en materia social.  Este movimiento cristiano tuvo su apoyo en tres grandes Cardenales: Mannig (de Londres), Mermillod (de Ginebra) y Gibbons (de Baltimore U.S.A).

Cuando los desequilibrios sociales se hacen más profundos como consecuencia de la grave injusticia social que padecen los hombres a raíz de la revolución industrial, prominentes cristianos actuaron dentro de la vida política. Al tiempo de que muchos hombres se incorporaban a la vida política activa, surge una gran preocupación social y cristiana que tuvo sus principales expositores en hombres como Federico Le Play, De la Sang en Alemania; Charles Perin en Bélgica y otros que lograron su objetivo fundamental: la incorporación de los cristianos dentro del régimen político democrático lo cual fue realizándose progresiva y definitivamente.

Es importante notar que la Revolución Francesa cuando habla de Estado Democrático lo hace desde un punto de vista meramente formal, en el sentido en que la autoridad se elige en representación del pueblo mientras que la dinámica política deja al individuo abandonado a su naturaleza y a sus intereses; se usa la palabra democracia como tópico para justificar cualquier tipo de política, lo que viene a  desembocar en el Estado liberal:

Democracia política formal, con representación del pueblo en los gobernantes y la no intervención del Estado en la sociedad civil.  Esta concepción es la concepción liberal del Estado.

Cuando llega la revolución industrial empieza la lucha por humanizar aquella sociedad materialista que se ha creado.  Se comienzan a organizar los sindicatos.  Todo este estado de descomposición desemboca en la Primera Guerra Mundial.  Ya no se quiere al Estado Liberal y surge entonces la corriente totalitaria en donde el Estado debe intervenir en todos los sectores: políticos, económicos, sociales y culturales.  La justificación era sencilla, entre el pueblo y el gobierno siempre se interpone una ¨representación¨ y el orden democrático viene determinado en forma decisiva por dicha representación.  En el Estado totalitario -se afirma- por su parte goza de tal representación popular.  Su legitimidad no se efectúa mediante elecciones sino por la autodeterminación del gobernante justificada ideológicamente.

En este momento surge la democracia cristiana como movimiento que pretende situar la democracia en corrientes abiertas en el mundo por la predicación del Evangelio, y como camino de abolir la servidumbre al tiempo que hacer reconocer los derechos de la persona humana.

Lo que importa a la vida política del mundo y a la solución de la crisis de la civilización no es de ningún modo pretender que el cristianismo esté ligado a la democracia y que la fe cristiana obligue a cada fiel a ser demócrata; es constatar que el empuje democrático surgió en la historia humana como una manifestación temporal de la inspiración evangélica.  No es sobre el cristianismo como credo religioso y camino hacia la vida eterna la cuestión que aquí se plantea, sino sobre el cristianismo como fermento de la vida social y política de los pueblos y como portador de la esperanza temporal de los hombres; no es sobre el cristianismo como tesoro de la verdad divina mantenido y propagado por la Iglesia, es sobre el cristianismo como energía histórica accionado en el mundo.

Así pues, la democracia cristiana venezolana cree en la democracia como sistema:

El Estado democrático integral es un acto de humildad que comienza por reconocer la perfectibilidad humana, tanto más viable cuanto más tolerante sea la controversia, porque democracia no es afán de imposición forzada, sino anhelo de convencimiento razonado.

Así en diferentes oportunidades se ha señalado:

Somos demócratas porque creemos que dentro de la democracia puede el hombre progresar y evolucionar en libertad, desarrollar sus aptitudes y desplegar su acción sin cortapisas.

2.2 Principios

2.2.1 El Estado Democrático

Los demócratas cristianos venezolanos creen en la existencia de la sociedad civil integrada por los individuos, la familia, los sindicatos, los partidos, las empresas, etc., es decir, grupos que constituyen cuerpos sociales responden a fines humanos legítimos que deben ser respetados.

Dentro de ese conjunto de cuerpos o sociedades existe una muy especial que se denomina Estado.  El Estado viene a ser la organización Jurídico-Política de la colectividad en forma soberana, que tiene por objeto el Bien Común del pueblo.  Por eso, porque tiende a buscar el Bien Común:

El Estado, entonces, es una parte de la sociedad civil.  No está fuera de la sociedad civil como en la concepción liberal.  Ni tampoco está sustituyendo a los otros cuerpos sociales, como en la concepción totalitaria. Para nosotros el Estado es la parte de un todo -junto con individuos y grupos intermedios- que busca el Bien Común.  Al Estado le toca velar para que este Bien Común sea logrado.

El poder es un atributo esencial del Estado, pero no debe confundírselo con el Estado en sí.  En la concepción demócrata- cristiana el estado tiene todo el poder necesario para realizar la coordinación de toda la sociedad civil en la medida en que el poder del Estado se ajuste a ese Bien Común.  Ahí está la legitimación del poder.  En la medida en que el estado utilice ese poder con fines distintos a la realización del Bien Común colectivo, ese poder pierde legitimidad.  El Estado y el Poder suponen ejercicio de autoridad, se reconoce y el poder se le delega al Estado para que cumpla con su fin: el de velar porque la sociedad civil alcance y realice el Bien Común.  Así el Estado deja de ser un extraño a la sociedad para intervenir en la ordenación de la misma y en la medida que el Bien Común lo aconseje.  Tampoco debe confundirse al estado con el gobierno.  El gobierno es transitorio mientras que el estado no.

El demócrata-cristiano no solamente busca una democracia política y movimientos social cristianos, si no que también se encuentra íntimamente ligado a las acciones decididas del Catolicismo Social del Siglo XIX, por ello los demócratas cristianos en general y en particular los venezolanos aspiran a una democracia social. Es decir, la concepción de una democracia política aparejada a la existencia de una democracia social y económica.  Esta democracia social supone que todos los hombres son iguales ante la ley, sea cual fuera su raza, su religión o su posición social.  Esta democracia social no acepta privilegios por razones de dinero o apellidos, no acepta distinciones que no provengan de la virtud o el mérito, y a todos reconoce los derechos que por su misma naturaleza humana les corresponden garantizando al mismo tiempo su ejercicio.  Se trata pues de lograr una estructura social que permita a todos los hombres el desarrollo de sus facultades individuales entre un mismo marco de posibilidades.  Este principio de igualdad conlleva un principio de justicia que supone a su vez, la existencia de la libertad. Finalmente, el principio de la cooperación en el cual cada hombre debe ocupar su puesto en orden a alcanzar el bienestar común.

Todos estos principios se traducen en una serie de políticas concretas destinadas a reformar los esquemas jurídicos que rigen en la nación contrarios a tales principios políticos o que no se acondicionen a ellos.  También habrá que reformar programas de desarrollo. Estos principios políticos inspiran la realización de programas electorales concretos dentro de la concepción demócrata-cristiana.

2.2.2 El Pluralismo

La democracia cristiana defiende, partiendo de la concepción de la sociedad civil, el pluralismo social y jurídico.  Se habla de dos tipos de pluralismo.  Horizontal y Vertical. El pluralismo vertical o ideológico caracterizado por las formas en que las ideologías cortan verticalmente a través de todas las capas y grupos de sociedad, lo cual parece traducirse en: ¨Pues he venido a separar al hijo de su padre, y a la madre, y a la nuera de su suegra¨. (San Mateo 10-35).

En esta forma, se tiende a fundamentar la eficiencia social, permitiendo a cada hombre, sin discriminación o desprecio de su condición de persona humana constituir un conjunto de asociaciones que se ajustan a sus propios ideales, así es un deber del Estado el garantizar la existencia de esas diversas corrientes de fundamentación ideológica.  De acuerdo a esta idea del pluralismo vertical nada importa que estén en minoría dentro de una nación o grupo.  Por ello, dentro del régimen democrático que es objetivo de la democracia cristiana, el libre juego de los partidos políticos garantizan la efectiva representación de las diferentes ideologías que pugnan por imponerse a la opinión pública.

El pluralismo horizontal o ¨autonomización¨ consiste en la independencia, derechos y responsabilidades de cada individuo, grupo o cuerpos intermedios que buscan el Bien Común.

Es una injusticia, un gran mal y un desorden que una organización más grande y más elevada se arrogue funciones que puedan ser cumplidas más eficazmente por órganos menores o inferiores... Surge de su misma naturaleza que el verdadero objetivo de toda actividad social debería ser auxiliar a los miembros individuales del cuerpo social y nunca destruirlos.

En esta forma, la democracia cristiana concibe una descentralizada división de poderes, al mismo tiempo que defiende la existencia entre el individuo y el Estado, de otras sociedades cuyo regular funcionamiento garantiza la plenitud de una democracia orgánica.  Estas sociedades son de dos tipos: Naturales unas y otras de Creación por la Ley y ambas cumplen una finalidad cuya trascendencia es para la Democracia Cristiana imponderable.

El pluralismo social y jurídico señala que cada uno de los cuerpos intermedios tiene un fin humano, propio de los mismos, que hay que respetar.  En esta forma, el hombre con su libertad, forma la familia.  Por ello, la democracia cristiana defiende, en primer lugar la integridad de la familia contra todos los intentos de disolución que le amenazan.

Propio del espíritu de sociabilidad el hombre forma su familia y esta a su vez se proyecta en el municipio.  Es en el municipio en donde la vida humana se desarrolla normalmente; es allí en donde el individuo comienza a vivir en comunidad y donde la autoridad establece con el hombre una simple comunidad de servicios o comodidades que es una institución natural que tiende a ordenar la vida social en la comunidad política:

El hombre está naturalmente ordenado a vivir en comunidad política, porque no pudiendo en la soledad procurarse todo aquello que la necesidad y el decoro de la vida personal exigen, como tampoco la conducente a la perfección de su ingenio y de su alma, ha sido providencia de Dios que haya nacido dispuesto a la unión y sociedad con sus semejantes, ya doméstica, ya civil la cual es la única que puede proporcionar la perfecta suficiencia de la vida.

Por esto, la vigorización del municipio es una de las más decididas consignas demócratas cristianas.  Esto supone una descentralización administrativa, en la medida en que al municipio se le reconozca una mayor autonomía y en consecuencia tenga una mayor responsabilidad para con la comunidad, los hombres que lo integran se sentirán más dueños de sus propios destinos y con mayor capacidad para la conducción de la administración de la cosa pública.  Pero, por su parte, el ciudadano debe integrarse al municipio el cual le permitirá desarrollar sus facultades, ejercer la plenitud de sus derechos y colmar sus aspiraciones civiles y políticas.

Dos condiciones más son necesarias para completar el pluralismo social y jurídico de acuerdo a la concepción demócrata-cristiana: el primero está referido a dar la mayor posibilidad de desarrollo a esos cuerpos intermedios que forma el hombre a objeto de que logren eficazmente la realización de su fin y que tienden al beneficio mismo del hombre.  El segundo principio está referido a la estructura interna de esos cuerpos intermedios que deben organizarse en la forma que mejor respeten las exigencias de sus miembros y los cuales no pueden impedir a esos hombres desarrollarse como personas.  Cuando esta condición no se cumple el Estado debe intervenir a fin de subsanar la situación existente y al hacerlo debe ser en forma transitoria ya que lo contrario desvirtuaría la función misma del Estado y los cuerpos o sociedades intermedias.

2.2.3 El Solidarismo

De este principio, del solidarismo, se arriba a una posición comunitarista y pluralista.  Con este principio debe tenderse a la integración a través de la acción conjunta de los hombres que viven en sociedad.  Existen una serie de diferencias naturales en los hombres: formas diversas de capacidad física y mental en las personas y tales diferencias se hacen más profundas en la medida en que las personas se van apropiando de distintos bienes ya en el orden material, ya en el orden cultural.  Con este sentido comunitario de cooperación se logra un clima propicio al desarrollo de todos. Al hablar la democracia cristiana de comunitarismo, lo hace en relación a esos bienes materiales y culturales cuya tenencia puede ser un impedimento para la igualdad de oportunidades.  Es necesario aclarar que si la expropiación como tal es o puede ser un impedimento para la igualdad de oportunidades, se hace imperioso el que esos bienes se utilicen en común por todos los hombres.  Esto obliga a su vez al Estado, quien debe velar por el alcance del Bien Común, a facilitar a todos los hombres estos bienes y que ellos cumplan con una función social.  La función social de la propiedad... obliga a una redistribución de los bienes de la propiedad privada.

Resumiendo, los demócratas-cristianos entienden que la propiedad debe cumplir una función social; esto es, no puede ser usada para el beneficio excluyente de unos pocos sino que debe procurar ciertos beneficios para quienes necesitan y no tienen nada.  Esa política de redistribución de la riqueza se manifestará en los diversos órdenes: fiscal, crediticio y de expropiación y repartición directa de bienes.  Pero esta política implicará a su vez, la realización de un cambio de estructuras sociales que aseguren la permanencia de la igualdad de oportunidades.  Y en este terreno será necesario un cambio profundo del sistema educacional venezolano que tienda a crear oportunidades iguales y tienda a la culturización de todos los sectores.  De nada valdría una mera repartición de bienes y una mejor redistribución de la riqueza si los esquemas mentales del venezolano permanecen iguales.

Debe tenerse claro, la sociedad comunitaria es la meta que buscan los demócratas-cristianos en general.  Este principio une y compromete la acción de todos los demócratas-cristianos del  mundo y en relación al cual cada uno de los partidos demócratas-cristianos tienen  por su propio país y de acuerdo a la realidad propia de cada nación:

 Lograr una sociedad personalista y comunitaria, de acuerdo a la expresión de Maritain.  PERSONALISTA en cuanto a colocar la dignidad y los derechos de las personas como el valor más alto a lograr en la vida política.  Y COMUNITARIA, para realizar mediante la justicia y la solidaridad, un verdadero espíritu de comunidad que ampare al hombre tanto contra el egoísmo individualista como contra el totalitarismo estatal.  Esto no es un pensamiento abstracto, es algo real que tiene vigencia histórica y tuvo su fuente en los pensadores de la segunda mitad del siglo pasado y tiene una realización política activa en el mundo.

La meta final de esa sociedad así concebida será la de crear no una solidaridad de destino y finalmente producir a sus miembros en general, impregnada por un cierto contenido humano, el gozo comunitario.

2.2.4 El Desarrollo Integral

 

El principio del desarrollo es un tema de mucha importancia para los demócrata-cristianos en general y muy especialmente para los venezolanos por encontrarse nuestro país en vías de desarrollo.

El desarrollo tiene que ser visto como un proceso de INCORPORACIÓN de grandes sectores marginados a las satisfacciones sociales y de ASCENSO de esos mismos grupos humanos a los niveles donde se toman las decisiones y desde donde se ejerce el poder social.  El desarrollo para ser integral además debe eliminar la marginación de la riqueza y poder en manos de pocos.  Por ello a la tesis del desarrollo tiene que compenetrarse la tesis del cambio de estructuras:

El desarrollo no es sólo una necesidad social y un imperativo económico: es, primero que todo, una exigencia ética.  Todo programa ambicioso de desarrollo tropieza con la resistencia de las viejas estructuras: cambiar éstas es indispensable para la transformación económica y social que aquel entraña.  Si los partidos demócratas-cristianos, al decir de Ramlot, deben configurar en sus respectivos países la verdadera imagen del Partido del desarrollo, tienen que compenetrarse más y más con la tesis del cambio de estructuras. 

El tema del desarrollo no puede plantearse solo en el terreno económico o social por ello se habla del desarrollo integral, así:

Hay quienes limitan su ámbito al puro terreno económico, menospreciando el objetivo social, y quienes aceptan el objetivo social pero no consideran los otros aspectos superiores de la vida del hombre y de la comunidad.

De estas citas se deduce que el problema del desarrollo es un problema de civilización para usar la expresión del Lebret.  No es un problema económico únicamente.  Es cierto que el factor económico es importante pero existen además finalidades a alcanzar en el aspecto social, cultural y político.  Es necesario a la vez, el que ese desarrollo económico  se haga al ritmo más rápido posible y aprovechando la disponibilidad de recursos externos e internos con que en la actualidad cuenta la nación.  Al mismo tiempo ese proceso de desarrollo debe lograrse al menor costo posible y en la forma más irreversible posible, esto es, garantizar una curva permanente de ascenso en ese proceso de desarrollo.  Igualmente consideran los demócratas-cristianos de Venezuela que debe tenerse en cuenta a las generaciones futuras a objeto de no sacrificar inútilmente la explotación de recursos y riquezas sin pensar seriamente en las generaciones por venir.

 

Finalmente, ese proceso debe basarse en una solidaridad doble:

      a. Entre todas las fracciones de la población existente;

      b. Entre todas las naciones que comprendan la comunidad internacional.

 

2.2.5 La Integración Internacional

 

La democracia-cristiana acepta como legítimo el sentimiento nacional y el patriotismo.  Lo que no es aceptable para un demócrata-cristiano es el creer que no existen otras asociaciones diferentes que deben tomarse en cuenta dentro del contexto universal. Existe una comunidad de naciones que está unida por vínculos de solidaridad y de justicia social internacional.  Para la democracia cristiana el desarrollo actual de la técnica, los problemas económicos y sociales no podrán resolverse si antes no se realiza un proceso de integración en un ente internacional o supra- nacional.

La democracia cristiana considera igualmente el que las naciones deben integrarse en tres procesos diferentes: una integración económica, una social y cultural y, de ser posible, una integración política.

En relación a América Latina la democracia cristiana venezolana ha impulsado y sustentado la integración económica y la creación de un Mercado Común Latinoamericano.

 

 

CONCLUSIONES.

Cuando repasamos todo el material que resumido llega a ustedes, y hacemos un esfuerzo en comprender los principios y los pensamientos que tuvieron como culminación el nacimiento de la democracia cristiana en el mundo, no hay otra palabra que le defina mejor que la palabra ecléctica.

¿Por qué es ecléctica?

Los cristianos que la promovieron, estaban sometidos en su momento a los rigores de una sociedad industrial liberal a ultranza, donde la fórmula “la sociedad para el hombre”, hacía de esta sociedad un ente susceptible de explotación por el individuo. La otra corriente, propuesta por los partidarios de regímenes totalitarios, quería imponer también su propia fórmula “el hombre para la sociedad” donde el hombre se convertiría en un instrumento para la consecución de los fines de esa sociedad manipulada desde el poder, perdiendo así su individualidad, y por ende su libertad. Ante estas posturas extremas, los demócrata-cristianos tomaron lo que creyeron bueno de una y otra postura y lanzaron su fórmula “el hombre es para la sociedad y la sociedad, a la vez, para el hombre”, queriendo decir con esto que si bien el hombre se debe a la sociedad en la medida que esto contribuya a alcanzar el bien común, la sociedad es a su vez un ente que debe dar cabida a la heterogeneidad representada por las conductas individuales, reflejo a su vez de la unicidad del espíritu humano. Y es en este punto donde se hace más patente el eclecticismo de los demo-cristianos,  la unión armoniosa de dos posturas distintas, la consideración de la revolución social cuando esta sociedad no armonice con los individuos, a pesar de ser ellos mismos individuos sometidos a una fe que no permite cuestionamientos, hacen de esta doctrina una especial mezcla donde confluyen estoicismo y radicalismo, universalismo y particularismo, sacrificio y beneficio, conformándola quizá en la más balanceada, en teoría, de las doctrinas estudiadas.

Es de hacer notar que se ha empleado el término “en teoría”, y esto es debido a que si bien en el papel la ideología demo-cristiana tiende a parecer como ideal, vemos en el caso particular de Venezuela como una vez en el poder, los partidarios de esta forma de hacer política no han podido ponerla en práctica, y en los casos en que lo han hecho, como por ejemplo en la concentración en manos del Estado de una multiplicidad de empresas para la distribución supuestamente equitativa del producto en manos del pueblo, se han encontrado enfrentados a un enorme fracaso económico que lejos de igualar a la sociedad, la ha dividido aún más y ha profundizado estas divisiones. Esto se da como resultado de una confusión hasta cierto punto comprensible en una doctrina que plantea tanto lo negro como lo blanco para tratar de conseguir lo gris. Porque si bien la democracia-cristiana utilizó el poder del Estado para tratar de lograr una supuesta justicia social, olvidó que es también uno de sus postulados que esto no debe hacerse por más tiempo que el necesario, ya que este papel desvirtúa a la democracia cristiana y confunde a una posible redistribución de los bienes para el bien común con una concentración de estos bienes en manos del estado, olvidándose que estos bienes deben cumplir con una función social, en lugar de que la sociedad se sacrifique en función y en beneficio de estos bienes.

Todos estos datos nos hacen llegar a una conclusión que va más allá de cualquier corriente político-filosófica, pero que sin embargo las envuelve y las relaciona a todas. Esta conclusión es que ninguna ideología política pasará de ser una quimera, a menos que dos hechos se confabulen en un mismo momento histórico. El primero y principal es que la sociedad debe estar preparada desde todo punto de vista para el advenimiento de este movimiento, y el segundo es que esta masa debe producir y seguir a el o los líderes indicados para la consecución de esta corriente.

Ensayo realizado por Alejandro Fereira E.

 

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